
El hombre volvió a renacer. La larga y oscura noche de la Edad Media dio paso a una de las épocas más luminosas de la historia: el Renacimiento. El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un "valle de lágrimas", conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. La vida florecía, dejaba atrás los temores atávicos, se liberaba de los miedos que esclavizaron los cuerpos y las mentes. Fue un periodo irrepetible. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.
Leonardo Da Vinci
(1452-1519)
Uno de los exponentes del Renacimiento es Leonardo Da Vinci, pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Fue un personaje que se destacaba por su profunda pasión por el conocimiento y la investigación, claros principios que destacaban su obra. Se constituyó en un claro innovador en el campo de la pintura dando lugar a la evolución del arte italiano durante más de un siglo después de su muerte. Por otra parte, también se destacó en el campo de la ciencia, sus investigaciones en las áreas de anatomía, óptica e hidráulica, anticiparon muchos avances de la ciencia moderna.
Hacia el siglo XV la península itálica estaba dividida en varios estados independientes, gobernados por diferentes familias que luchaban entre sí por el ejercicio del poder. Por ese entonces, Italia no era un país unificado como observamos en la actualidad. Las ciudades más importantes estaban constituidas por Nápoles en el Sur, Roma en la parte del centro (controlada por los Papas de la Iglesia Católica Romana) y , al norte, Florencia, Milán y Venecia.